¿Quieres saber si tu proyecto literario merece la pena? Aquí te aclaramos un poco ese panorama fangoso en el que te metiste solo por el hecho de juntar letritas.

No todo lo que se escribe (tampoco lo que se publica) tiene calidad literaria. Si alguna vez has leído (o escrito) una novela (una poesía, un cuento) y te ha parecido que algo no funcionaba, que no te gustaba, que te chirriaba, incluso, a tus oídos pero no sabías detectar exactamente por qué, no desesperes: probablemente tenías razón. ¿Te gustaría detectar cuándo una novela/poema/cuento es bueno? Gracias a los formalistas rusos, es posible. Te contamos aquí brevemente su historia.Y su antimétodo.marcas-de-verificacion-en-el-estilo-pegatina_23-2147514126

Pese al baile de fechas, en 2016 se cumplen cien años de la fundación de la OPOJAZ (cuyo significado es, en sus siglas rusas, algo así como Sociedad para el Estudio de la Lenguaje Poético). Este sería el germen de lo que, junto al Círculo Lingüístico Ruso fundado un año antes, se conocería como el Formalismo ruso; es decir, de los primeros estudios literarios enfocados a la forma, a la lengua literaria.

Y, ¿qué supuso este nuevo enfoque? Pues la revolución en la Crítica literaria. Mientras que hasta esta fecha de 1916 los análisis literarios se hacían desde la Historia (tal libro se publicó en tal fecha, el autor vivió de tal a tal año, en esa época reinaba tal rey…) o desde la psicología del crítico (“A mí me ha gustado el libro porque me recuerda a mi tío Antoñito que era muy majo”), los formalistas rusos postulan un estudio lo más científico posible.

Aunque esta panda de rusos locos obsesionados por la lingüística eran un poco radicales, pues solo se interesaban por la forma y no por el contenido (se centran en el cómo y no en el qué), nos vienen al dedillo para saber qué buscar dentro de una obra literaria para decir: Oh, amigo, esto es bueno de verdad.

Basados en las vanguardias de principios del siglo XX (ya sabes, todos los ismos como el futurismo, dadaísmo, creacionismo, fauvismo, cubismo, expresionismo, surrealismo y muchos más) los formalistas rusos no llegaron a proponer un método de análisis, pero sí fijaron cinco puntos para establecer el estudio científico de una obra literaria. Estos cinco puntos son estos:

  1. El estudio de la literatura debe ser un estudio científico. Nada de “A mí me gusta y con eso vale”. Seamos serios. Olvídate de ti y céntrate en el texto: qué tiene de válido (referencias, imágenes, símbolos…) y qué lo hace una paparruchada de palabras unidas sin placer estético. Porque nuestra finalidad es que nos lean, no que nos guste solo a nosotros como autores.
  2. El objeto de estudio de la literatura es el texto. Se acabó eso de “Es el novio de alguien”, “Canta en un grupo” o “Se droga a tope”. Esos detalles los dejamos para la promoción del libro. Lo que nos interesa es el texto en sí, no quién lo escribe. Si, además, eres el autor, procura centrarte en qué has escrito y si se aproxima a lo que realmente querías decir.
  3. El objeto de los estudios literarios será, no la obra literaria, sino los factores que hacen literario un texto. Ponte a recordar figuras retóricas, juegos de palabras, guiños al lector y demás artificios que ese texto que tienes delante guarda en su interior. ¿No hay nada de todo eso? Mal camino, entonces.
  4. El método de estudio debe ser inmanente al objeto de estudio. Fuera psicologías, filosofías, simpatías y demás historietas. A esta gente solo le interesa lo lingüístico. (¿Entiendes ahora que no debe haber ni una sola falta de ortografía en un texto que quiera considerarse como literario?).
  5. Y, como último punto, la disputa de siempre entre si hay que agradecérselo a una musa o al esfuerzo: El texto literario no es fruto de la inspiración, sino que es el resultado de una técnica. ¿Qué tiene de bueno tu texto? ¿Cuáles son sus puntos fuertes? ¿Por qué? Solo poniéndote bajo la lupa de la objetividad, serás capaz de ver qué ofrece tu proyecto literario a los demás.

Hala, así que, deja de lamentarte porque nadie excepto tu tía Enriqueta quiere leer tu novela y ponte manos a la obra, que hay mucho por hacer.(Y si no te ves capaz de hacerlo solo, recuerda, siempre puedes contar con un profesional).