¿Crees que publicar un libro hoy día es difícil? Con este post te darás cuenta de que nunca ha sido una tarea fácil. En ocho puntos verás que no hay tanta diferencia entre las frustraciones que puedes sentir hoy día con las que Cervantes pudo sentir en su época.

Durante el periodo de mayor esplendor de la literatura española, esto es, los Siglos de Oro (siglos XVI y XVII) llamados así porque se dieron figuras  como Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega y un largo etcétera, publicar un libro se daba solo tras un largo y complicado proceso editorial.

Veamos a continuación cuáles son las dificultades por las que un pobre escritor debía enfrentarse antes de ver su obra impresa.

  • No te deprimas si crees que nadie cree en tu proyecto. El escritor de los Siglos de Oro, antes que nada, debía superar la censura que prohibía expresamente, en 1502, la impresión de libros “inútiles o perniciosos”. (¿Cómo se miden esos parámetros?). Además, necesitaba una licencia eclesiástica (a partir de 1554 esta licencia la otorgaba el Consejo de Castilla) para poder imprimir el libro. Si algún libro conseguía imprimirse sin esta licencia, era quemado públicamente. Y, por si fuera poco, como medida disuasoria el Consejo de Castilla llegaría a penar con la muerte la impresión de libros ilegales. Para conseguir esa licencia del Consejo de Castilla, era necesario enviar el libro con todas sus hojas firmadas.
  • D41-art2-7¿Te sientes mal porque las editoriales han rechazado tu original o simplemente no te dan contestación alguna? Durante los Siglos de Oro nació la figura de los aprobadores de libros, personajes que debían dar una opinión favorable a la obra literaria. De no ser así, el Consejo no otorgaba su licencia y, por tanto, el libro no se imprimía. Quevedo, por ejemplo, no obtuvo la licencia para uno de sus libros porque quien debía aprobarlo era un enemigo suyo.
  • El gremio del libro se vuelca contra el pirateo de los libros digitales. Los autores de antaño debían conseguir el privilegio, documento por el cual el autor se convertía en el único que podía imprimir el libro. Este privilegio duraba diez años y solo tenía vigencia en el reino donde se hubiese concedido. Pero esta exclusividad territorial promovió la aparición de libros pirateados en el resto de reinos.
  • ¿Qué piensas sobre la opción de autopublicarte? En los Siglos de Oro, tras obtener el privilegio, el autor debía contratar un editor (que eran los libreros) para conseguir la edición. Y como los autores casi nunca tenían dinero, solían vender el privilegio al editor a un precio fijo. Otra opción era conseguirse un mecenas que le costease la edición. Los mecenas eran, sobre todo, aristócratas, y a ellos se les escribía en la dedicatoria alabándoles su buen gusto, su gracia y su cultura, pese a que la mayoría eran bastante incultos. Incluso si el libro se consideraba de utilidad pública, podía recibir una subvención.
  • ¿Puede que tu obra nunca vea la luz? Imagínate entonces en el siglo XVI. Los tiempos se dilataban hasta el infinito, pues una vez impreso, el ejemplar volvía al Consejo donde se comprobaba si coincidía con el ejemplar manuscrito enviado en primer lugar. Se anotaban los posibles errores y se hacía el control final. De esta forma, los libros antiguos tenían la siguiente estructura:
    1. La dedicatoria al mecenas
    2. La licencia del Consejo
    3. La aprobación
    4. El privilegio
    5. Versos laudatorios de otros autores al libro impreso
    6. La fe de erratas
  • Si en tu mente publicar es el último paso del éxito, estás equivocado. En los Siglos de Oro, cualquier libro podía ser denunciado una vez impreso, momIndex_Librorum_Prohibitorum_1ento en el que entraba el Santo Oficio (o Inquisición). Hubo tantas denuncias que los censores se vieron obligados a crear índices de libros prohibidos. Estos podían estar prohibidos en su totalidad o solo en parte (algún capítulo o párrafo). Cuando un lector tenía en su casa un libro prohibido, su obligación era llevarlo a los índices, donde el censurador tachaba o arrancaba las hojas prohibidas. Esta es la razón de que hayan llegado a nuestros días libros mutilados o que se hayan descubierto ejemplares escondidos tras falsos muros.
  • Consuélate: al menos hoy puedes conseguir libros hechos con materiales de gran calidad. Pues en el pasado, a la dificultad de publicar sin ser censurado, se añadía también la calidad del papel. Mientras que en el siglo XVI la calidad de este material era excelente, en el XVII era pésima. Si un autor del XVII tenía dinero, imprimía sus libros en Flandes, donde la calidad era mejor que en España. De nuevo, en el siglo XVIII, la calidad del papel mejoró. Pero en el XIX el papel era malísimo, pues se inventa el papel a partir de la madera, que se deshacía en las manos.
  • Y por último, ¿a cuántos lectores llegará tu libro? El autor del Renacimiento no podía olvidar que, una vez superados todos estos obstáculos, el 90% de la población de su época era analfabeta -aunque no por ello inculta pues, si una obra gustaba, esta era transmitida de forma oral o leída en público-. Lo importante es que si había alguna obra literaria destacable, al final esta encontraba la forma de llegar al gran público. Góngora, por ejemplo, no quiso que sus poemas se imprimiesen.

Por lo tanto, si después de darte cuenta de que escribir nunca fue fácil ni para los más grandes y, aun así, te empeñas en seguir haciéndolo, enhorabuena: eres todo un escritor.