[dropcaps]C[/dropcaps]omo ya venimos anunciando en los post anteriores relativos a este asunto, el tema central de la novela del siglo XXI es la mismidad del narrador. Si estamos ante la novela del yoísmo más puro, la cotidianidad, las dudas, los trapicheos que se traiga el personaje narrador serán los temas centrales. Pero afinemos un poco más, que de eso tratan estos post, de descifra cómo es la novela del siglo XXI.

Los temas que se repetirán de forma insistente serán:

  • Drogas: es inconcebible pensar en la novela del siglo XXI sin que el tema de las drogas aparezca (sean fumadas, esnifadas, ingeridas, ¿inyectadas, o eso se queda para los 59306834ochenta?). No tiene por qué ser el tema central, ni mucho menos, ya que no estamos ante novelas que traten de explicar cómo abordar su uso o desuso. Porque la droga, en la novela del siglo XXI, está superada. Forma parte de la vida cotidiana, esto es, se muestra sin estridencias ni moralinas. Cada autor toca el tema de la droga como mejor le viene:
    • Aparece un antiguo compañero de instituto que se enganchó cuando parecía que tendría un gran futuro y, por meterse sin control, se quedó como el tonto del barrio (como en NW London de Zadie Smith).
    • Puede venir de la mano de la modernidad: drogarse también es medicarse, automedicarse o atiborrarse de ansiolíticos, como en Las correcciones de Jonathan Franzen (2001), donde un personaje se relaja en un globo psíquico a través del Aslan Crucero, un “optimizador de la personalidad” que lo hará flotar más allá del bienestar absoluto.
    • ¿Y la droga como parte de la economía familiar? De forma velada, es otro de los negocios que aparecen de forma velada relacionados con el capo familiar de La furia de la langosta, de Lucía Puenzo.
    • Ni hablar de los numerosos ejemplos que tendríamos si metemos el alcohol como droga. Sería más rebuscado hablar de las novelas en las que nadie ingiera una sola copa.
    • La droga como forma de vida aparece en Rat Girl, diario novelado de Kristin Hersh, cantante de Throwing Muses, que está tan colgada que se queda embarazada sin saber cuándo, ni cómo ni con quien. Esta situación la trata en el libro de una forma encomiable, pues no roza en ningún momento el papel de Drama Queen, lo cual es de agradecer. Sin droga, no hay música. Obvio.
    • La droga como diversión e, incluso, llega a ser tan cotidiana, que se convierte en otra forma de aburrimiento, o ¿acaso Lolito, de Ben Brooks, no es un chico al que le apetecen probar cosas nuevas?
  • La tecnología: no debemos embarrarnos únicamente en el tema del sexo (que da para mucho), puesto que la tecnología también es un asunto que destaca, ya que aparece como barniz en la novela del siglo XXI. Tiene múltiples formas, claro:
    • Desde su aparición dentro del discurso de la propia novela (en Las correcciones se transcriben mails, y en NW London, además, wasaps) hasta todos los avances tecnológicos y de comunicación cotidiana que usan los personajes (cualquiera de las mencionadas en los post anteriores) e, incluso, su desaparición, convirtiendo el mundo en una distopía en la que, poco a poco, el ser humano desaparece sin explicación (Fin, de David Monteagudo).
    • La tecnología cumple también una función clara en la novela del siglo XXI: mostrar lo conectados que estamos y lo incomunicados que permanecemos.
  • El sexo: este tema es casi una obviedad, ya que estamos hablando del motor literario que ha empujado a escribir desde que el humano tiene el conocimiento necesario para juntar letritas. Si bien antes del siglo XX la aparición del sexo se hacía con publicaciones alternativas, buscadas por todos los rincones aunque execradas en la mayoría d59306777e los casos, a partir del siglo XX (y según avance hacia su final), el sexo ya no se tratará a escondidas. Y en el siglo XXI se mostrará su cara más enferm
    iza
    :Como hace Manuel Vicent, en Cuerpos sucesivos (2003), donde relata una relación extraña entre dos hombres y, sobre todo, una mujer cuyas apetencias sexuales son, como mínimo, diferentes.

    • Lolito, de Ben Brooks tendrá un juego sexual que será el eje de la última mitad de la narración.
    • No será la Tierra, de Jorge Volpi, tendrá varias historias entrelazadas en las que el sexo, las relaciones de pareja y el descubrimiento de la propia sexualidad son difíciles, algunas incluso insoportables.
    • La relación de la hermana con el matrimonio que forman sus jefes, en Las correcciones, de Jonathan Franzen.
    • Para no repetir autores y obras, desde luego, el tema del sexo enfermizo (que trae problemas, que no satisface, que obsesiona o que es usado como chantaje) aparece en todas las novelas ya mencionadas en otros post y, seguramente, en la que tienes entre manos.
  • Hay un tema que no he detectado como central (en muchas ocasiones, ni aparece) en la novela del siglo XXI, y es el de la muerte. Si bien en la novela policiaca (que sigue siendo un género fuerte en este siglo recién estrenado) siempre se investiga un crimen, no es la muerte en sí lo que importa (el dolor, el duelo, la ausencia no forman parte del género), sino la trama que  con ese deceso se va descubriendo. La muerte, desde un sentido metafísico, es cosa del pasado, del siglo XX. En las novelas, las llamaremos de género realista, la muerte tampoco ocupa un lugar importante. Parece que la novela del siglo XXI, pese a todo, es bastante vitalista.

Para no extenderme innecesariamente, los temas que trata la novela del siglo XXI salen de estos tres aquí tratados (del sexo enfermizo sale el subtema de la maternidad, como algo positivo o negativo, e incluso antiecológico; de la tecnología también saldrían los temas que tratan la ecología; de la droga, todas las enfermedades mentales, etc.).

Lo importante me parece es dar aquí una conclusión: los temas de la novela del siglo XXI muestran lo mal que estamos. Y cómo intenta sobrevivir el ser humano teniendo lo primordial en su contra (el amor, la comunicación con los demás, una mente sana) ayudándose de todas las facilidades tecnológicas a su favor (si es que se centra en el primer mundo).

Si la humanidad está enferma, no se soporta ni a sí misma, sus relaciones son frustrantes (o simplemente raras), es enemiga de sí misma sin solución aparente, la novela del siglo XXI también refleja esta situación. Cómo lo haga, dependerá de la maestría de sus autores.