Ser nadie, de Santiago Alcázar Mouriño
Reseñas 19 marzo, 2014 editoralia 1
Estructurado en secciones o capitulos cortos, Ser nadie, de Santiago Alcázar Mouriño es una novela poética, lo que antiguamente solía llamarse metáfisica, que alcanza la madurez narrativa con elementos de gran calidad.
Frente a la incontable cantidad de literatura desabrida y fría (deudora de la nueva literatura: corta, efectista y muchas veces plagiando personajes sin alma que solo serían posibles en pésimas series televisivas), Ser nadie se presenta como el recorrido vital de un hombre roto por la insatisfacción y despojado de todos los elementos que, justamente, determinan la condición de un hombre: su origen, su trabajo, su edad. El camino circular de su autoconciencia está, por el contrario, determinado no por lo que los demás digan, sino mediante la cristalización de su vida interior. Aquello que verdaderamente, como decían los existencialistas, nos hace humanos.
Naturalmente, al tratarse de un recorrido de ida para luego, finalmente, regresar al origen, la prosa no puede (ni debe) estar exenta de nostalgia, al fin y al cabo, como manifiesta el mismo autor, «Ser nadie va de la vida a la muerte. Como la generación de las hojas: el Niño que fuiste, los niños que ahora tienes. La juventud que quedó atrás, la época de las grandes mentiras, y encarar la segunda parte de la vida, hasta donde llegue, pero ahora hay menos tiempo por delante que por detrás. Saber vivir con lo que eres, con lo que has llegado a ser, apenas nada. Y sobre eso volver a construirte».
Desde un punto de vista literario, Ser nadie es una obra para entrenados, construida fuera de los cánones novelísticos manifestados por un comienzo, un nudo y un final. Su estructura se asemeja a un viaje, una crónica hacia el interior del ser humano y para ello solo es posible utilizar la poesía y las palabras más bellas.
Por momentos, incluso, Santiago Alcázar Mouriño se asemeja a ciertos patrones arísticos manifestados por Alejo Carpentier, la responsabilidad del autor como observador aventajado capaz de traducir su entorno en palabras. La misión de intentar captar el fondo de todo, «la profundidad de las miradas, las posturas de desvalimiento, la fragilidad, los detalles del paisaje, el romper de las olas, los troncos y ramas de los árboles, la brizna de hierba» para que el lector sienta exactamente cómo son las cosas de este mundo.
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Santiago Alcazar Mouriño
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